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La investigación a partir de la práctica: la Investigación-Acción (A-I) como mejora de la calidad docente.

Ignacio Martín Jiménez

Asesoría de Ciencias Sociales

CFIE Valladolid II

  Introducción.

La LOGSE, en su artículo 55, señala que los poderes públicos velarán por la calidad de la enseñanza, señalando entre otros campos específicos dos:

Así, el artículo 2 de la LOGSE señala: "La actividad educativa se desarrollará atendiendo al siguiente principios:

"f- Autonomía pedagógica de los centros [...], así como la actividad investigadora del profesorado a partir de su práctica docente."

De esta forma, la investigación educativa va a quedar desligada de la investigación sobre educación.

Esta última, la investigación sobre educación parte de una investigación externa, centrada fundamentalmente en datos cuantitativos, y realizada a alumnos y profesores por un agente externo, con una conclusión teórica pero inmóvil, como un proceso acabado que no necesariamente formula propuestas prácticas.

La investigación educativa, en cambio, parte de la práctica docente, y considera tanto al alumno como al profesor como participantes activos del proceso, centrando su campo de interés en datos cualitativos, y procurando una mejora sustantiva del modelo educativo llevado a la práctica.

"Investigación" puede ser definida como "un conjunto de estrategias, tácticas y técnicas que permiten descubrir, consolidar y reafirmar un conocimiento. La investigación se lleva a cabo porque tratamos de conocer algo, lo cual implica que el concepto de verdad es un concepto central en la teoría del conocimiento" (HESEEN).

El concepto de "Investigación-acción", acuñado por KURT LEWIN en 1946, se refiere a un método de investigación pedagógica, que tiene, según dicho autor, una serie de características distintivas:

Es una actividad desarrollada por grupos o comunidades con el propósito de cambiar su situación, de acuerdo con un marco de referencia común: valores compartidos. Trata de comprometer a los individuos en la mejora del grupo a través de la investigación de los problemas que se le plantean.

Es una práctica social reflexiva que integra la práctica o tareas que se investigan y el proceso de investigación sobre esas tareas. Trata de eliminar la separación entre teoría y praxis y entre investigación técnica y aplicada. En el ámbito de la interacción didáctica, el docente es a la vez profesor e investigador, sin que ello quiera decir que se rechace el recuso a investigadores y expertos externos al propio ámbito.

Esta concepción metodológica permite al profesor tener una formación distinta, que es aplicable a currículos abiertos y reflexivos adaptados a cada entorno y sujeto. La homologación de métodos y procedimientos en este campo, así como la comunicación de los resultados al resto de la comunidad científica, contribuyen a reforzar el papel del profesor como investigador.  

Algunos autores como Kemmmis y Mc Taggart piensan que lo específico del método I-A es la indagación introspectiva y el objetivo de mejorar/comprender la praxis docente, partiendo de los problemas prácticos del trabajo del profeso. El proceso de I-A cuenta en España, según afirma J. Elliot, todavía con un escaso bagaje(puede decirse que fue en 1982, con la celebración del Primer Congreso Mundial de Didáctica, celebrado en la Manga del Mar Menor -Murcia-, cuando se consolidó en nuestro país como orientación de investigación), teniendo entre sus principales valedores a J. Gimeno Sacristán, César Coll Salvador, A. Pérez Gómez (por tanto, alguno de los más significados valedores de la implantación de la LOGSE)

Según Elliot:

La investigación-acción en las escuelas analiza las acciones humanas y las situaciones sociales experimentadas por los profesores como:

(a) inaceptables en algunos aspectos (problemáticas);

(b) susceptibles de cambio (contingentes);

(c) que requieren una respuesta práctica (prescriptivas).

La investigación-acción se relaciona con los problemas prácticos cotidianos experimentados por los profesores, en vez de con los "problemas teóricos" definidos por los investigadores puros en el entorno de una disciplina del saber. Puede ser desarrollada por los mismos profesores o por alguien a quien ellos se lo encarguen.

El propósito de la investigación-acción consiste en profundizar la comprensión del profesor (diagnóstico) de su problema. Por tanto, adopta una postura exploratoria frente a cualesquiera definiciones iniciales de su propia situación que el profesor pueda mantener.

Esta comprensión no impone ninguna respuesta específica sino que indica, de manera más general, el tipo de respuesta adecuada. La comprensión no determina la acción adecuada, aunque la acción adecuada deba fundarse en la comprensión.

  La investigación-acción adopta una postura teórica según la cual la acción emprendida para cambiar la situación se suspende temporalmente hasta conseguir una comprensión más profunda del problema práctico en cuestión.

Al explicar "lo que sucede", la investigación-acción construye un "guión" sobre el hecho en cuestión, relacionándolo con un contexto de contingencias mutuamente interdependientes, o sea, hechos que se agrupan porque la ocurrencia de uno depende de la aparición de los demás. Por ejemplo: si no hay suficiente conexión con la mentalidad de los alumnos, con sus centros de interés, éstos perderán predisposición para acudir al centro: y por tanto una cuestión aparentemente externa-comportamental como el absentismo, puede contemplarse en una cadena de implicaciones que lo ligue a la posición adoptada por el profesorado respecto a la naturaleza de los bloques de contenido adoptados en un nivel determinado con un alumnado conflictivo -podría tratarse de un determinado grupo social marginado, etc.-

Este "guión" se denomina a veces "estudio de casos".

La investigación-acción interpreta "lo que ocurre" desde el punto de vista de quienes actúan e interactúan en la situación problema, por ejemplo, profesores y alumnos, profesores y director.

La investigación-acción implica necesariamente a los participantes en la autorreflexión sobre su situación, en cuanto compañeros activos en la investigación. Los relatos de los diálogos con los participantes acerca de las interpretaciones y explicaciones que surgen de la investigación deben formar parte de cualquier informe de investigación-acción.

Como la investigación-acción incluye el diálogo libre de trabas entre el "investigador" (se trate de un extraño o de un profesor/investigador) y los participantes, debe haber un flujo libre de información entre ellos.

Los participantes deben tener libre acceso a los datos del investigador, a sus interpretaciones, relatos, etc., y "el investigador" debe tener libre acceso a "lo que sucede" y a las interpretaciones y relatos que se hagan sobre ello.

Se utiliza un lenguaje del sentido común para describir y explicar las acciones humanas y las acciones sociales en la vida diaria.

Sólo puede ser válida la investigación-acción a través de un diálogo libre sobre la problemática a estudiar.

Gracias a este diálogo libre entre los participantes debe haber un flujo libre de información entre ellos.

Este tipo investigación intenta, ante todo, promover unas relaciones humanas nuevas en las que se ponga de relieve que el hombre no sólo está "en mundo, sino con el mundo". Conlleva el objetivo fundamental de educar para crecer y, sobre todo, para liberar. Es decir, la investigación en acción se orienta a formar un hombre nuevo a partir de un replanteamiento de su vida y cuyo principio fundamental es que el sujeto es su propio objeto de investigación.

Investigar desde esta óptica, para transformar la realidad y la relación del investigador con la misma, significa cuestionar la realidad y desarrollar una conciencia crítica.

Este tipo de investigación adquiere en nuestro campo educativo una gran importancia porque ayuda a superar los binomios de teoría-práctica; educador-investigador; y así hace posible aunar teoría y práctica.

Este método, según Mª Gloria Pérez Serrano, debe partir de abajo-arriba, integrar docencia-praxis-investigación, relacionar la investigación documental y la formación investigadora, y aplicar los resultados a la práctica educativa.  

Entre las ventajas del método I-A, pueden resaltarse las siguientes:

  1. Incrementa la autoestima profesional: es muy distinto de una formación profesional didáctica convencional, que habitualmente consiste en "otra" segunda formación inicial, con "desfile" de expertos. En cambio, el método I-A posibilita una participación activa: se aprende de los demás docentes; pero éstos también aprenden de uno.

  2. Rompe el aislamiento docente: pese a la dinámica usual de frecuentes reuniones de docentes (C.C. Pedagógica, equipos docentes, reunión de claustro, reunión de ciclo o de departamento...), el verdadero trabajo de aula es con frecuencia un ámbito solitario. El método I-A predispone a compartir sistemáticamente los problemas, vivencias y experiencias, dotando además al docente de armas para mejorar su labor de aula. De hecho, se comprueba cómo los éxitos y fracasos derivados de los procesos de I-A son vividos por el profesorado de forma mucho más intensa que los resultados de investigaciones teóricas que de alguna forma le afecten.

  3. Refuerza la motivación, siendo un antídoto contra la apatía y la repetición.

  4. Permite a los docentes investigar sin necesidad de ser especialistas en un campo concreto, y mediante un método que valora ante todo la intuición, la experiencia previa y la praxis docente. Por primera vez desde que finalizó su proceso de formación profesional, recupera la iniciativa en cuanto a su cualificación como docente.

  5. Posibilita un acercamiento entre la práctica y la teoría, ámbitos que resultan mutuamente intercomplementarios

  6. Genera un profesorado reflexivo, que toma conciencia de los problema educativos de fondo (pese a prevalece un carácter práctico en la investigación).

  7. Constituye un camino de investigación muy abierto, en el que es el profesorado el que propone los campos que considera realmente necesarios para su investigación. Un proceso de I-A, por ejemplo, puede analizar aspectos tan concretos como el tipo de cuadrícula que sería conveniente utilizar a los 6 años de edad; la forma de lograr que las alumnas de 14 años -frecuentemente con un esquema corporal en pleno proceso de experimentación de cambios, y una autopercepción de su cuerpo claramente negativa- participen en las clases de Educación Física y no adopten la típica posición pasiva y "a la defensiva"; el mejor método para comunicar la faltas de asistencia de los alumnos a las familias en un determinado centro, etc.

  8. Dota a la investigación de un carácter flexible, menos dogmático, y por tanto menos condicionado por a prioris.

 

  El proceso de investigación-acción.  

El modelo establecido por LEWIN en 1946 como proceso de investigación-acción fue estudiado, retocado y planteado de nuevo por diversos autores como Susmar y Evered, quienes proponen un modelo circular cuyas fase son diagnóstico, planificación, actuación, evaluación y aprendizaje específico.

Las fases podrían ser las siguientes:

1-  Diagnóstico de la situación problema y organización de un grupo para su estudio (ejemplo: constatación de la baja motivación del alumnado de un centro, de absentismo escolar, etc.). Constituye, por tanto, un análisis crítico sobre la práctica docente; sobre los problemas reales que sería preciso afrontar para mejorar la calidad docente. La iniciativa puede partir de uno o varios docentes, con el asesoramiento y apoyo externo (por ejemplo, de expertos, de asesores de los CFIE, etc.); o bien de un investigador externo, que quiere desarrollar un proyecto que se ajusta bien al método I-A, y se pone en contacto con los profesores de un determinado centro; o bien una institución, que encarga a un investigador experto un proceso de I-A (como anécdota, diremos que el primer proyecto de I-A fue el encargo recibido por Kurt Lewin para establecer un proceso de modificación de los hábitos alimenticios de los discentes). La forma operativa en que puede concretarse esta iniciativa es igualmente variada: desde Proyectos de Innovación Educativa a Proyectos de Formación en Centros (dependiendo del talante más o menos innovador del proyecto, y del grado de compromiso del claustro de profesores -los PFC requieren que un 60% del claustro lo suscriba-), Seminarios, etc. En cuanto a la temática que aborda, cabría cualquier aspecto encaminado a mejorar la calidad del servicio educativo:

2- Planteamiento del problema y definición de qué objetivos tiene el estudio que se va a llevar a cabo (ejemplo: se pretende saber el campo de intereses reales de los alumnos; saber cómo podrían atenderse a los mismos desde los PCC de ese centro; o tal vez cómo prevenir el absentismo escolar) En algunas ocasiones, la I-A podrá pretender también la investigación más o menos en profundidad de las causas del problema que se quiere atajar, como una forma de poder generalizar las conclusiones a otros aspectos de la práctica docente.

3- Hipótesis acción ("no hemos sabido conectar con los centros de interés propios de los alumnos"; "si logramos centrar más el interés de los alumnos el absentismo disminuirá"; "sean cuales sean los intereses de los alumnos, son susceptibles de incluirse en nuestro currículo sin por ello renunciar a nuestros objetivos y bloques de contenidos generales") Por otra parte, se selecciona la muestra con la que se pretende experimentar (por ejemplo, una clase de cada uno de los niveles sobre los que trabaja, dejando las restantes sin efectuar cambios como una forma de comparar los resultados; o bien, evaluar la práctica docente antes y después de realizar cambios en la estrategia docente u organizativa del centro) En esta fase del proceso puede ser conveniente recoger información sobre la opinión de los alumnos, padres, y profesores; empleando al respecto, tal como proponen Kemmis y McTaggar, tablas de implicación mutua, para determinar, por ejemplo, qué piensan los alumnos de los profesores respecto al problema que se aborda, e igualmente los profesores de los padres, los padres de los padres...

  PADRES PROFESORES ALUMNOS INSPECCIÓN ET AL.
PADRES

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También puede ser pertinente en esta fase del proyecto la consulta de bibliografía, el asesoramiento de personas que hayan realizado procesos de I-A directa o indirectamente relacionados con el que se pretende implementar, etc.

Un ejemplo de hipótesis respecto a la pasividad de las niñas en el área de Educación Física en determinadas edades podría ser:

4- Realización de la investigación (elaboración y desarrollo de encuestas sobre intereses de los distintos grupos de alumnos, encuestas sobre la reacción de los padres ante el absentismo, o sobre los motivos que llevan al alumno a faltar a clase, etc.) Se introducen determinados cambios en la praxis docente (que pueden ser tan simples como introducir ciertos cambios en el lenguaje y el trasfondo de los discursos escolares como una vía para cambiar las relaciones sociales en el "ecosistema"-centro, etc.), en la organización del centro, etc., esperando que después de un tiempo determinado hayan podido generar un determinado efecto. Posteriormente, y de acuerdo al plan previsto, se procede a evaluar los aspectos cualitativos que hayan podido derivarse de la introducción de dichos cambios.

La investigación debe ser colectiva, y estar basada en condiciones "ecológicas" (en su medio natural: la clase, por ejemplo, y no en un marco excepcional "de laboratorio"), y ser suficientemente flexible, dinámica, creativa y crítica. Sería conveniente en aras a su fiabilidad, que participasen en su evaluación tanto observadores internos (provistos de instrumentos objetivos de evaluación, como medios de grabación, cuestionarios cerrados de valoración, test sociométricos, diarios y anecdotarios, etc.) como externos.

5- Conclusiones e implicaciones para el futuro de la acción escolar (qué aspectos será preciso modificar en nuestra práctica educativa): propuesta de acción.

6- Informe y seguimiento: puesta en práctica y análisis en distintos momentos de los resultados de las variaciones introducidas.

7- Evaluación final del proyecto, y conclusiones definitivas.

Para proceder a desarrollar este esquema de trabajo, como paseo previo es preciso partir del conocimiento de las características de los miembros del grupo y analizar las motivaciones que les llevan a participar en tal hecho. Para ello tienen que ponerse de acuerdo en un aspecto clave: ¿por qué trabajar-investigar en grupo y no trabajar individualmente? Porque el grupo juega un papel muy importante en el cambio educativo, ya que las significaciones y los cambian más fácilmente en comunidad. Además, el grupo permite realizar mejor la función autocrítica. Para poder tener éxito en el trabajo en grupo es necesario:

Interés común por un tema

Cada miembro debe contribuir con aportaciones a la medida de sus posibilidades. Por eso es muy importante diseñar los roles respectivos desde el principio

Tener un plan de trabajo preciso y estructurado

Repartir tareas equitativamente

Elegir un coordinador y un secretario

Tener una agenda de trabajo, y un orden del día en cada reunión que eviten discusiones no centradas en cuestiones concretas.

Prever un tiempo para la propia autocrítica del grupo, en funcionamiento y en los contenidos a trabajar.

Una vez organizados los grupos, entraríamos en segunda fase del proceso de investigación, el descubrimiento del problema. Un problema es una dificultad sentida o una carencia que nos gustaría resolver y es susceptible de ser resuelta. El problema puede surgir de una reflexión del grupo sobre las necesidades vividas, de la observación sistemática de un hecho, de la observación participante realizada por un experto; a partir de un documento propio del centro o una toma de decisiones educativas: específicamente, en la aprobación o discusión de cualquier aspecto ligado al PEC o al PCC. En cualquier caso, en la investigación-acción los implicados en el problema deben sentirlo como suyo.

El tercer paso sería esclarecer el problema. Según Elliot, el proceso para esclarecer el problema persigue el clarificar los términos de lenguaje dentro del grupo. Es decir, ampliar la comprensión que tiene el profesor de su problema (diagnóstico). Es conveniente hacer una revisión de la literatura. En definitiva, conocer si existen otras experiencias, otro grupo de profesores y educadores que se los hallan planteado, conocer experiencias previas y las publicaciones sobre el tema, para poder delimitar y definir el problema evitando la formulación de preguntas estériles, evitando la duplicidad de datos y viendo cuáles son las metodologías empleadas en otros procesos de I-A.

El cuarto aspecto, siempre según Elliot, consiste en la identificación del problema. Esta fase de la definición del problema es compleja, pues exige la identificación del mismo, el reflexionar sobre él y el formularlo de modo apropiado. Los problemas objeto de investigación se obtienen principalmente de la experiencia y es la observación una fuente importante para detectarlos e identificarlos. También debemos ser precisos, eliminando los problemas excesivamente generales. Conviene eliminar los problemas excesivamente generales, y seleccionar problemas puedan resolverse en un tiempo razonable, supongan una mejora para la población concreta objeto de estudio, y puedan ayudar en ese momento a un cambio profundo en una línea innovadora.

A partir de la definición del problema, quedan perfilados los objetivos del estudio. Los objetivos en una investigación constituyen el punto central de referencia, son los que conforman su naturaleza más especifica y le dan coherencia al plan de actuación. Según Espinosa Vergara (1987) "es muy importante que los objetivos sean":

a) Claros: Formulados en lenguaje comprensible y preciso dentro del marco de trabajo del grupo en la Educación Infantil o en la Educación Primaria

b) Realistas: Deben ser factibles con los recursos disponibles, con la metodología adoptada y dentro de los plazos previstos.

c) Pertinentes: Tienen que tener una relación lógica con la naturaleza de los problemas que podamos solucionar".

El sexto paso será establecer los planteamientos de hipótesis-acción: una hipótesis implica un enunciado de la supuesta causa del problema planteado en la elección del una respuesta provisional al problema, como punto de partida en el proceso investigador. En la investigación, las hipótesis nacen de la reflexión del grupo sobre el objetivo y la problemática, tanto en el planteamiento como en el práctico, y varían según el sentido que el grupo investigador da a su trabajo. Por ello es necesario acumular e interpretar datos.

Posteriormente, se entraría en la fase de comprobación de la hipótesis, para la que se habrán definido las estrategias e instrumentos de recogida de datos, definiendo los correspondientes protocolos estandarizados y bien definidos, que no puedan ser manipulados según las intenciones implícitas de quien recoge dichos datos.

El siguiente paso consistiría en la realización de un informe de investigación-acción, en el que se debe recoger el proceso seguido a lo largo de todo el trabajo con el fin de darlo a conocer a los implicados en el cambio. Consiste en registrar lo que se ha hecho, cómo se ha hecho y los resultados obtenidos.

Por último, es preciso indicar cómo se pretende introducir cambios en la práctica, coherentemente con los resultados del citado informe, así como posibles medidas para evaluar a medio y largo plazo la "rentabilidad" de los cambios introducidos respecto a la situación que se pretendía corregir.

Es preciso tener en cuenta algunos aspectos de los procesos de I-A:

La conclusiones de un centro difícilmente son extrapolables a otros, por la variación de las condiciones de partida (o, sin ir más lejos, porque las condiciones para 2apostar" por cambios en la praxis educativa de un docente que ha participado desde la base de dicho proceso de investigación, su confianza en los cambios que va a adoptar en su trabajo de aula, no son equivalentes a las de un docente que desde la distancia haya leído un resumen de su proyecto, y que no conozca de primera mano las vicisitudes de todo ese proceso de reflexión). Por eso es importante fomentar la I-A en cada grupo de profesores, no con afán de dogmatizar y dar por sentado determinadas innovaciones, que si bien en un centro educativo pueden resultar pertinentes, pueden ser inadecuadas para otros.

Es preciso pensar que buena parte de los beneficios que se derivarán para el centro se producen no sólo por la consecución de unas conclusiones determinadas sobre la práctica docente, sino por el propio proceso investigador: que capacita, por ejemplo, para trabajar en equipo, que establece una dinámica de definición de conceptos que luego servirá a la hora de redactar el PEC, el PCC, las programaciones de aula, etc., que alienta en general la innovación educativa -pues, en este contexto, realmente parte de un autoconvencimiento, y no de la sugerencia de alguien externo a la escuela concreta-.

La investigación-acción requiere de personas preparadas que orienten y asesoren a los distintos grupos o equipos de trabajo. ¿Quién es este "experto", "facilitador", "crítico", "guía" y qué función tiene? Se trataría de una persona cualificada que tendría la misión de asesorar, ayudar y cooperar con los profesores y que debe ser experto en cuestiones metodológicas y didácticas, más preparada que el resto del equipo investigador: puede ser un profesor universitario o de Primaria o Secundaria, que durante un tiempo determinado se ha preparado en este campo.

Juega un papel importante en la formación y asesoramiento del equipo investigador. Hay que tener en cuenta unos posibles riesgos de esta figura: el grupo puede generar actitudes de dependencia o de rechazo (ambos extremos son igualmente perniciosos para el objeto de la investigación: que, como decíamos, no es sólo la finalización de la misma en cuanto a conclusiones educativas, sino el propio proceso de generación de debates, intercambios, etc., que contribuye a formar al profesor); por otra parte, la inmersión total en los problemas -pues el experto trata con una parte del "problema": los profesores investigadores- puede impedir al experto verlos con claridad; por último, es necesario que el experto conozca los problemas reales en toda su extensión. Aún así, cabe realizar otra pregunta: en caso de una tutela por parte de un asesor experto, ¿quién lleva a cabo la investigación realmente: el experto o el profesor? Fomentar ante todo una postura de complementariedad entre ambos sería necesaria, con el fin de buscar un apoyo mutuo, pero escindiendo desde el principio claramente cuáles son las competencias respectivas, estableciendo relaciones "de iguales" -y no de superioridad del experto, que acabaría por restar protagonismo al profesor en lo que se supone que es un metodología de investigación y formación eminentemente activa-. Para ello es evidente que el experto debería tener una suficiente capacidad de sintonía, además de un formación capaz de granjearse el respeto del grupo de trabajo, y estar dispuesto a admitir que esta metodología es evidentemente experiencial, y que pretende comprobar en la práctica hipótesis -por más que desde un punto de vista teórico-pedagógico parezcan deleznables-.  

La investigación-acción merece una atención preferente en nuestro panorama educativo, porque ha sido capaz de vincular el binomio teoría-práctica a fin de solucionar los problemas que presenta la práctica educativa, iluminada por las aportaciones de la teoría, llevando a un compromiso en la transformación y mejora de la realidad educativa.  

Esta investigación pretende potenciar la capacidad de los profesores como generadores de conocimientos, el desarrollo profesional y personal del profesor y entraña una acumulación progresiva de conocimientos por medio del esfuerzo subjetivo y colaborativo. Es una forma de investigación educativa que ofrece a los docentes y a otras personas un modo de llevar a cabo una indagación crítica de su propio trabajo educativo, que es moldeado y a su vez moldea el objetivo general de la mejora. Es así un proceso sistemático de aprendizaje, desarrollando una inteligencia crítica, convirtiendo al profesor en un investigador del contexto práctico. En resumen podemos afirmar que este sustrato de acceso a la realidad y conocimiento de la misma es el que sirve de eje de encuentro armónico para la acción-reflexión-acción.  

Es importante que el perfeccionamiento de los profesores se vincule a la práctica profesional, en el propio lugar de trabajo, facilitando la observación natural de los acontecimientos y la reflexión sobre los mismos en la situación en la que se generan; afecta a todos los implicados en el problema, lo que contribuye a crear un clima democrático y de colaboración. Así contemplamos dicha investigación-acción en el marco del equipo docente provocando un verdadero cambio pedagógico, que a nivel sólo particular se diluye en el centro docente sin apenas repercusión pedagógica.  

Es importante la formación en el método de investigación-acción. Esta formación se plasma en términos de valores, actitudes y habilidades al servicio del cambio social, de la mejora educativa: pues, según afirma Hill, cuanto mayor es la experimentación de un docente, tanto más está dispuesto a tolerar la crítica y autocrítica hacia su sistema de enseñanza, y por ende a cambiarlo, a perfeccionarlo. En cambio, la no experimentación de otras vías alternativas en la metodología docente, hace al profesor inseguro: inseguridad que, sin darse cuenta las más de las veces, compensa adoptando actitudes de rechazo de cualquier crítica o sugerencia de cambio, mostrándose excesivamente susceptible ante cualquier cuestionamiento parcial de su competencia didáctico-pedagógica. Investigar, independientemente de la calidad real de esta investigación, es situarse en el camino de una actitud de mejora continua, en una perspectiva de formación continuada, en una dinámica de trabajo en grupo: algo crucial en un sistema educativo que aspira a hacer del trabajo en grupo de sus profesores un pilar de la intervención educativa, que aspira también a lograr una coherencia horizontal y vertical en la planificación y praxis educativa de un centro.

 

 

 

 

 

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