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MODELOS DE LOCALIZACIÓN URBANA. ignacio martín jiménez ASESORÍA DE CIENCIAS SOCIALES CFIE VALLADOLID II |
| MODELOS DE LOCALIZACIÓN DE HOYT. MODELO DE LOCALIZACIÓN DE HARRIS Y ULMAN. |
Los
dos gráficos corresponden a modelos de localización urbana.
La
existencia de dichos modelos teóricos corresponde a la búsqueda de un
principio organizador del crecimiento y de la ordenación espacial, aplicable en
términos generales a las grandes ciudades. En esta búsqueda de procesos
predictivos, existe una pregunta de fondo: ¿Existen fases regulares, que
determinan una división en sectores (esto es: una zonificación), y existen
leyes que presidan las diferencias en cuanto a su especialización?
Los
pioneros en cuanto a la búsqueda de soluciones a estas interrogantes serán los
geógrafos de la Escuela de Chicago, quienes parten de la analogía entre la
distribución del espacio urbano y el modelo de distribución agrícola que, a
finales del siglo XIX, había propuesto Von Thünen (como explicamos en la práctica
correspondiente a los modelos de localización agrícola). Von Thünen considera
la hipótesis de una llanura isotrópica, es decir, de una extensión sin
accidentes de relieve considerables, y donde la comunicación entre cada uno de
sus puntos no esté condicionada por aspectos como las divisiones
administrativas (distintos Estados, por ejemplo), la red de transportes, y otros
condicionamientos análogos.
En
estas condiciones, dicho autor observa cómo la intensidad del uso del suelo
variaba con la distancia al mercado, dando lugar a una serie de coronas concéntricas
de aprovechamientos diversos: los cultivos de mayores precios o requisitos como
la venta directa al mercado, como puede ser la leche, ocupaba un lugar
prioritario, más cercano a la ciudad (“cultivo de primicias y cinturón
lechero”), mientras que los menos productivos ocupaban áreas concéntricas más
alejadas de la ciudad.
Aplicando,
casi al pie de la letra, este modelo de localización agrícola a la localización
urbana, algunos geógrafos comprobaron cómo la ciudad también presenta estas
aureolas concéntricas en función de las variaciones del valor del suelo,
conforme nos separamos del sector central de los negocios (o CBD: Central
Bussines District)
En
1925, el geógrafo Burgess desarrolla la teoría de la “zonificación
urbana” (ver el esquema adjunto)
A
partir de un núcleo central, al que denomina “Loop”, se individualizan una
serie de coronas concéntricas en las que el valor del suelo va decreciendo. El
LOOP es el equivalente al CBD de los modelos posteriores: un centro mercantil y
de negocios.
En
2º lugar se dispone una “zona de transición” (al menos en las ciudades
americanas: no olvidemos que muchas de estas teorías provienen del ámbito
anglosajón, y más específicamente del análisis de Chicago, reconstruida de
acuerdo a criterios funcionales a partir de su incendio de 1876), con un área
deteriorada, ocupada posteriormente por los inmigrantes, y que puede incluir una
zona industrial –lo que agrava su degradación por motivos
medioambientales–.
En
tercer lugar se dispone una zona residencial de clase obrera, de carácter más
estable que la anterior, y más valorada.
A
su alrededor existe una cuarta corona concéntrica, zona residencial de clase
media y alta.
La
última aureola, discontinua, suele corresponderse con la isocrona (línea que une los puntos que se encuentran a la misma distancia,
medida en tiempo de desplazamiento), y constituye la llamada “commuter zone”,
compuesta por núcleos rurales, pequeñas ciudades satélite tipo dormitorio,
viviendas unifamiliares, etc.
Se
trata de un modelo que no debe tomarse al pie de la letra. El propio Burguess
advertía en su momento que sólo pretendió dar un esquema general ideal, pero
no dejó de señalar los factores inhibitorios que alteraban este esquema
simple:
–El
espacio generalmente no es isotrópico, no tiene iguales condiciones de
accesibilidad, condiciones de salubridad, etc.
–
La red de transportes determina la orientación del crecimiento de la ciudad.
–
Existen factores “mentales”, como los señalados por la Geografía de la
percepción, que orientan el mapa mental del ciudadano a la hora de tomar
decisiones como en qué área de la ciudad vivir: desde buscar decididamente la
exclusividad y segregación, hasta considerar la relación entre coste del suelo
o de la vivienda y coste del transporte desde la misma al trabajo, pasando por
un largo etcétera.
Este
modelo se trazó pensando en Chicago, pero existen otras zonas de forma
estrellada o anárquica, e incluso de forma opuesta al modelo, que se basan en
los mismos presupuestos de zonificación.
Los
defensores del modelo señalan que cuando se cartografía el uso del suelo
urbano teniendo en cuenta el tiempo y el coste de los desplazamientos hacia el
suelo y no sólo el aspecto externo, el esquema tiene mayor validez.
En
todo caso, es obvio que no es un modelo aplicable para las ciudades
preindustriales.
GRÁFICO
A:
Corresponde
al esquema de Omer Hoyt, de 1939, sobre zonificación urbana.
Como
se aprecia, Hoyt, a diferencia de Burgess, no presenta aureolas concéntricas,
sino sectores concéntricos no anillados. El motivo fundamental es que parte de
la consideración de que las vías de comunicación promueven el desarrollo de
sectores en forma de tentáculos.
Este
esquema se ajusta así mucho más a la realidad que el de Burgess, pues cuando
se consolida un barrio residencial de clase alta, los terrenos más caros son
los contiguos a tal sector: por tanto, la expansión de las áreas residenciales
tiene un carácter más bien en forma de cuña o sector que de anillo continuo.
En
este modelo, por tanto, tienen una especial importancia los factores psicológicos
como el “prestigio” o la aspiración a identificarse con las clases
dominantes
Por
eso, alrededor de las áreas burguesas (organizadas a partir de ejes de
comunicación que ofrezcan una ventaja objetiva de accesibilidad al CBD), por
identificación espacial, se asientan las clases medias, mientras la posición
ocupada por la clase obrera es marginal: las áreas infravaloradas, bien por
problemas ambientales (proximidad al área industrial, centro degradado) o bien
por ser las zonas menos preciadas de la ciudad.
GRÁFICO
B.
Corresponde
al modelo de Harris y Ulman, enunciado en 1945 bajo la denominación de “teoría
polinuclear”.
Harris
y Ulman parten de la idea de que no todas las ciudades se desarrollan a partir
del sector central, sino que muchas evolucionan según una estructura celular,
esto es, que presentan distintos tipos de uso en torno a diversos núcleos
o centros privilegiados dentro del área urbana.
La
expansión sucesiva a partir de estos diversos núcleos no está determinada por
la distancia al centro, sino por una serie de factores distintos según las
actividades de cada núcleo.
Por
ejemplo, unas actividades presentan una especial exigencia referida a la
facilidad de acceso, como son fundamentalmente las comerciales, mientras que
otras se agrupan en un núcleo para lograr una mayor capacidad de irradiación
(es el ejemplo de los cines y teatros, agrupados en Brodway o en la Gran Vía de
Madrid).
Otras
actividades son excluyentes, incompatibles con las demás funciones urbanas.
Como ejemplo podríamos poner el de los barrios residenciales exclusivos, tipo
Beverly Hills, o el de las industrias contaminantes.
Por
otros usos del suelo no pueden pagarse altos precios del suelo, o bien son
actividades que precisan de mucho terreno, y se ubican por tanto en barrios
periféricos o suburbios (es el caso de los estadios deportivos o circuitos de
golf, o de los puntos de almacenaje de mercancías, en polígonos periféricos)
Por
tanto, la novedad fundamental aportada por Harris y Ulman estriba en considerar
que lo que resulta “funcional” para un uso del suelo urbano puede no serlo
para otro, y por tanto que cada “funcionalidad” singular impone distintos
requisitos específicos.
En todo caso, tanto el modelo de Harris y Ulman como el de Omer Hoyt están pensados para el mundo desarrollado, especialmente para situaciones contextuales parecidas a las de las economías de escala propias del mundo norteamericano.
Las
ciudades occidentales presentan cambios no generalizables, y de igual forma el
modelo no es aplicable a las ciudades ex–socialistas.
Según
Sjoberg, las ciudades preindustriales presentan las siguientes características:
–
No suelen sobrepasar los 100.000 habitantes, pues se insertan en sociedades poco
urbanizadas
–
El abastecimiento de alimentos proviene de la región inmediata, que la ciudad
organiza en torno suyo.
–
Casi todas han tenido murallas, lo que determina la congestión, junto a la
existencia de medios de transporte insuficientes y un deseo predominante de
vivir en el centro.
–
Las clases altas viven en el centro, que cumple funciones administrativas y
posee edificios religiosos como señal de su posición hegemónica. Las clases
menos favorecidas viven en las afueras, dedicadas también a veces a la
agricultura.
–
Los barrios se organizan en función de criterios étnicos o de riqueza.
–
Existe una escasa especialización económica dentro de las áreas de la ciudad,
y no se cuenta con sectores amplios y homogéneos.
Los
modelos comentados tampoco son válidos para las ciudades coloniales:
–Generalmente
son de nueva planta, organizados alrededor de la sede dle poder político y
religioso.
–
Son ciudades compactas, en las que las clases altas moran en el centro, mientras
que el crecimiento se produce por falta de empleo rural y éxodo urbano.
–
Otras veces, el plano se organiza sobre el primitivo asentamiento indígena,
dando lugar al característico dualismo de las ciudades coloniales con centro
histórico.
– El centro alberga la función residencial y comercial, mientras que también cumple una función residencial la periferia, que incluso llega a tener su propio sector central de negocios.
| MODELOS DE LOCALIZACIÓN ESPACIAL DE HAGGETT. |
COMENTARIO DE MODELOS GEOGRÁFICOS DE LOCALIZACIÓN.
Nota: el ejercicio corresponde a la oposición de 1994.
1) Explique el significado general del modelo y las transformaciones urbanas y económicas que intenta representar.
El
modelo corresponde a la teoría del
transporte y localización industrial enunciado por P. Hagget. Los trabajos en
el análisis locacional han profundizado en distintos campos. El inglés Peter
Haggett fue el primero que codificó este campo de acción en un texto, Locational
anaysius in human geography (1965), que pronto se convirtió en un clásico.
Haggett se fundaba en la creencia de que la tradición geométrica en geografía
había sido desafortunadamente marginada, y que debería retomarse para todas
aquellas cuestiones de orden y
localización que mostraban los fenómenos estudiados tradicionalmente en
geografía humana. Para ello, señalaba varias necesidades:
Ø
adoptar
un sistema centrado en modelos espaciales
Ø
emplear
modelos como estímulos que permitan la comprensión
Ø
utilizar
procedimientos cuantitativos como un intento para conseguir afirmaciones o
generalizaciones sobre el orden locacional.
Así, en sus dos libros aborda los modelos y métodos.
Su
mayor innovación se produjo con la clasificación de los modelos locacionales
en cinco tipos, cada uno relacionado con un elemento del sistema regional:
movimiento, redes, nudos, jerarquías y superficies. Cada uno se correspondía
con un capítulo separado, relacionado con los modelos más relevantes y los
descubrimientos en la investigación. Los elementos se entrelazaban en lo que
Haggett presentó como una secuencia lógica, desatendiendo por ellos las
complejas interrelaciones que caracterizan el trabajo actual de la geografía
regional. Haggett descompuso el sistema espacial
en sus elementos para analizarlos, pero no los combinó de nuevo en un
conjunto regional.
El
primero de sus trabajos fue un libro sobre redes, combinando geografía física
y geografía humana.
El
modelo que comentamos representa los elementos del sistema de transporte, que
son los siguientes:
Ø
Líneas
de transporte; y, de entre ellas,
las líneas troncales, secundarias y de enlace.
Ø
Nodos: puntos entre los que
articula la red de transporte, y de los que es preciso considerar su
accesibilidad, su posición de encrucijada, puntos de convergencia y puntos de
ruptura de carga.
Hinterland: la teoría del lugar central también
tiene en cuenta la distancia que los individuos están dispuestos a recorrer
para obtener un servicio (alcance). Esta distancia, a la que se denomina alcance
del producto o alcance del servicio, determina la extensión del área de
mercado de un asentamiento, es decir, la zona de influencia (hinterland), donde
reside la mayoría de la gente que hace uso de los servicios de ese área.
Cuanto más alto sea el orden de un lugar central, mayor es su alcance. Por lo
tanto, los lugares en los que sólo se realicen funciones de orden inferior
tendrán un área de mercado limitada y sus residentes necesitarán trasladarse
a lugares centrales de orden superior para obtener servicios de esa categoría.
En todo caso, el modelo de localización de P.
Haggett parte de la hipótesis de un país de colonización reciente. En la fase
A, se observa la existencia de núcleos aislados, con un escaso hinterland, no
relacionados entre sí. Correspondería a una típica economía de
autosubsistencia o bien “externalizada”, en donde los productos del interior
son llevados a los puertos costeros para su traslado a la metrópoli (como
ejemplo, podríamos tomar el dominio portugués africano del siglo XV, con
fuertes costeros y una mínima penetración de su influencia hacia el interior)
En la segunda fase se han consolidado alguna líneas
de penetración, en tanto que el desarrollo de algunas ciudades costeras o
puertos más importantes (P1 y P2) ha provocado que los pequeños puertos que
antes existían a su alrededor hayan sido absorbidos. Por tanto, ya existe una
primera jerarquización urbana, y el establecimiento de líneas de transporte
que configuran a su vez un hínterland determinado, y nodos dependientes (I1 y
I2) que constituyen el extremo de dichas líneas de transporte. Podría
corresponder al ejemplo de una zona minera.
En la fase C vemos cómo se desarrolla el
pmism0o proceso de articulación del espacio, pero ahora aplicado a escala
inferior: I1 y I2 desarrollan su propio hínterland y pequeñas líneas
subsidiarias, al igual que P1 y P2 y los pequeños nodos que, a modo de puntos
de descarga, se han ido creando a lo largo de las redes de transporte.
En la fase de comienzan a interconectarse las
economías de algunos de estos nodos, como I1 y I2, por la proximidad existente,
y P1 y P2. Al mismo tiempo, se establece una jerarquía entre los nodos que
jalonan las vías de transporte (N1 y N2). Por tanto, se adivina ya una jerarquía
del conjunto de la región económica, en la que será un criterio fundamental
la especialización en un bien o servicio específico, al estar el nodo
especializado cualitativamente mejor dotado que los restantes. Cuanto mayor es
la especialización, más prosperan los nodos.
La fase E implica que se alcanza una
interconexión completa, en la que los nodos cuyas economías sean
intercomplementarias establecen relaciones que dejan su huella en el espacio
mediante la generación de vías de comunicación.
En la última fase, aparecen “ejes
principales” de gran prioridad entre las ciudades que ostenten una posición
económica mutuamente interrelacionadas. Estas líneas de transporte, como se
ve, no siempre coinciden con las de la primitiva red de transporte, sino que si
es rentable surgen comunicando prioritariamente los nodos más desarrollados.
Por ese mismo factor los nodos P1, P2 y I2 han crecido más que los restantes, e
incluso se ha creado un nodo en la vía de comunicación entre P1 y I2 de cierta
importancia (jerarquía 3)
2-
Argumente la posible validez de dicho modelo, contrastándolo con la
evolución histórica del poblamiento y de la red de comunicaciones de:
A) Algún país
iberoamericano
B) España
En
los países iberoamericanos es característica la existencia de una red de
comunicaciones de tipo “dentrítico”, es decir, que únicamente consiste en
la comunicación de la costa con el interior del país, en forma de redes líneas
escasamente articulada. Sólo el caso de Brasil, en algunas zonas (exceptuando
otras como las áreas amazónicas y regiones pobres como las del sertâo o
sabana) existe una red de comunicación que corresponde realmente a la propia de
una economía integrada, de forma concreta por el papel que desempeña Brasil en
la economía regional iberoamericana como exportador de algunos productos
industriales como maquinaria agrícola, armas, etc. Lo mismo podría decirse de
zonas del estuario del Río de la Plata.
En la mayoría del territorio, por tanto,
prevalece una escasa estructuración económica, con espacios escasamente
articulados, y con una jerarquía urbana irregular: una
o dos ciudades propias de dinámicas macrocefálicas (se considera
macrocefálico al país cuya ciudad mayor tiene más del 60% de la población de
las 4 ciudades mayores)
Por tanto, podríamos concluir que en las
economías no desarrolladas el modelo no es válido, y no se cumple esa ley
invariable que predice una progresiva jerarquización y
especialización urbana, al amparo de una economía en la que los
distintos nodos establecer relaciones de interdependencia o relaciones simbióticas.
Para el caso de España es preciso considerar
que la red de transportes no fue consecuencia de la generación de dinámicas
económicas que requiriesen apoyarse en una red de transportes articulada al
respecto. Producto del reformismo borbónico, basado en la centralización, la
red de transportes se organizó de acuerdo a una disposición radial con centro
en Madrid. De esta forma, algunas localidades se especializan como puntos de
ruptura de carga por estar ubicadas en lugares estratégicos de las vías de
comunicación: es el caso de Zaragoza, Venta de Baños, etc. Pero en todo caso
el modelo no responde a la generación de una red homogénea, de espacios de
especialización e interrelación regional homogéneos (generación del
“desierto interior” industrial y demográfico alrededor de Madrid, etc.) De
esta forma, puede decirse que en el caso español no existió una dinámica
espontánea de generación de la red de transportes de acuerdo a los principios
descritos por P. Haggett, sino antes al contrario: la red de transportes
condicionó en cierto sentido la generación de espacios económicos y jerarquías
urbanas.
3–
Concluya sobre la validez general del
modelo.
Conviene
comenzar por afirmar que se trata de un modelo con cierto sentido “didáctico”:
Haggett propone un modelo muy esquematizado de localización espacial para
resaltar y hacer comprensibles los procesos internos predominantes, por lo que
el modelo no debe tomarse en sentido nemotético (al modo de leyes
inexorables...), sino como explicativo.
El análisis locacional tuvo una gran
importancia en los trabajos de los geógrafos ingleses y norteamericanos durante
los años 60 y 70, con una gran
sofisticación de métodos. Pero las críticas al análisis locacional se
concretaron en diferentes aspectos. En principio, se atacó la naturaleza de la
teoría normativa utilizada, que no se basaba en los procesos actuales de la
toma de decisiones y muy poco en las decisiones de predicción espacial. Otras
críticisas se encaminaron contra su definición de la explicación. Un suceso o
acontecimiento podría reducirse a leyes generales de validez universal tanto en el tiempo como en el espacio.
En todo caso, P. Haggett realiza un modelo que
toma como referencia el caso de los países de nueva colonización, entendiendo
por tal concepto el caso de áreas espaciales en las que la ocupación es
realizada por un grupo humano con un elevado nivel de tecnificación (una
sociedad industrial), con una economía por tanto en donde funcionan principios
como la maximalización de los beneficios, la aplicación de un lógica de
reducción de distancias/costes, la especialización económica propiciada por
la existencia de un sistema de transportes que implique la capacidad de
movilizar grandes volúmenes de materias con bajos costes finales, etc. Por
tanto, en áreas como las costa del Noroeste de EE.UU., Canadá, Australia u
otros similares, el modelo, con las lógicas excepciones que hay que admitir,
tiende a cumplirse en cierta medida.
E. Ullman ha señalado
las características que deben darse para que el modelo se cumpla:
–
Complementariedad (no basta con que exista diferencia entre las distintas
regiones, sino que alguna de ellas deben depender mutuamente para que se
establezcan los nexos que propone Haggett)
– Una región
debe presentar una oferta más competitiva que las demás.
– El
transporte debe ser factible, y no de coste tan elevado que impida los flujos
entre nodos separados discretamente.
Podemos criticar
algunos aspectos específicos, que por cierto no son muy diferentes a los de
cualquier modelo de localización espacial:
– Parte de una
consideración del espacio como isotrópico (es decir, que todos los puntos
tienen las mismas condiciones generales, lo que supone que no existieran
accidentes del relieve, fronteras políticas o administrativas, o simplemente
“fobias” o preferencias de los habitantes de una localidad por otra, por
motivos históricos, de identidad cultural, de percepción espacial, etc.)
– No considera
la influencia que pueda existir entre la economía local y la economía de
escala supranacional.
– Considera la
articulación de economías complejas, por lo que el modelo es más válido para
áreas industriales y comerciales que para economías básicamente agrícolas o
espacios con tendencia a la autosubsistencia.
– Otorga poca
importancia al factor red de transporte, su coste y viabilidad.
–
Piensa en economías donde exista una especialización diferenciada.